Pollo teriyaki en versión española

Mi primer menú en un restaurante japonés constaba de dos recetas muy poco atrevidas: gyozas y pollo teriyaki. Si lo sé, esto no resulta nada arriesgado tratándose de comida japonesa. Pero en aquel momento lo de adentrarme en el mundo del sushi, el sashimi y el pescado crudo resultaba para mí tan descabellado como hacer puenting o algo parecido. “¿Comer pescado crudo, yo? Ni de coña”… Y ya ves, las vueltas que dan las cosas, que ahora cada vez que visito un buen japonés me muero por pedir sashimi de atún o salmón.

Y de elección en ese menú inicial en un japonés, el pollo teriyaki pasó a convertirse en un plato habitual de las comidas en mi casa. Hoy os voy a dejar la receta del teriyaki, pero algo variada. Digamos que será un teriyaki reconvertido “a la española”, para facilitaros la elaboración en el caso de que no dispongáis de un supermercado o almacén japonés cerca donde comprar determinados ingredientes. Y es que, aunque hoy en día ya es casi normal encontrar salsa de soja en los lineales de nuestro supermercado del barrio, ya no lo es tanto disponer también de sake o mirin, dos piezas igualmente necesarias para la preparación de nuestro plato. Así que haciendo una españolización de esos dos elementos, veréis que usaremos vino blanco y vino de Jérez, algo que ya no nos resultará tan difícil de conseguir, ¿verdad?.

Pollo teriyaki 1

INGREDIENTES:

– 1 pechuga de pollo entera con piel o una bandeja de contramuslos cortados.
– Vino blanco
– Jerez
– Salsa de soja
– Azúcar
– Agua
– Aceite de oliva

Acompañamiento: arroz cocido y/o zanahoria y brécol al vapor

PREPARACIÓN:

1. Cortamos nuestra pechuga o contramuslos en tiras no demasiado finas y las introducimos en un bol.

2. Por otra parte, prepararemos un adobo con 2 cucharadas soperas de vino blanco, 4 cucharadas soperas de vino de Jérez, 2 cucharadas soperas de salsa de soja y 2 cucharadas soperas de azúcar. Removemos todo bien hasta conseguir tener el azúcar lo más disuelto posible, y lo vertemos sobre el pollo cortado, removiéndolo para que se empape todo bien. Ahora dejaremos que el pollo coja la sustancia durante al menos media hora. Si podéis o queréis tenerlo algo más de tiempo, mejor. Pensad que cuánto más tiempo pase nuestro pollo adobándose, más sabor nos cogerá.

3. Pasado el tiempo de adobo, calentaremos una sartén grande y honda con un chorro de aceite de oliva y pondremos nuestras tiras de pollo a freír en fuego medio-alto, primero por el lado de la piel un par de minutos y después por el otro lado. Debe cogernos color dorado y observaremos que la piel esté crujiente.

4. Una vez que veamos que nuestras tiras se han dorado por fuera, bajaremos un poco el fuego y verteremos sobre el pollo el adobo que preparamos antes para que se cocine todo. Yo suelo dejar el pollo cocinándose con la salsa unos 10 minutos aproximadamente, hasta que veo que el adobo se ha evaporado.

5. Por otro lado, mientras se cocina el pollo, voy preparando la salsa teriyaki en sí, casi igual a la del adobo de antes, pero un poco más espesa y dulce por aumentar la cantidad de azúcar y retirar el vino blanco. Para ello, añadiremos en un cazo unas 10 cucharadas soperas de agua, con 3 cucharadas soperas de azúcar, 2 cucharadas soperas de salsa de soja y 2 cucharadas soperas de vino de Jérez. Removeremos constantemente, para que el azúcar se disuelva. Cuando rompa a hervir, seguiremos removiendo bajando el fuego, para conseguir que nuestra salsa se caramelice.

6. Finalmente, sobre nuestro pollo en la sartén vertemos la salsa preparada, le damos unas vueltas y ya pasamos a emplatar el pollo.

 

Puedo aseguraros que el sabor de esta versión española es prácticamente el mismo que la versión original japonesa, apenas se nota la diferencia. Para presentarlo, podéis hacerlo de diferentes formas. Tradicionalmente, se presenta en un cuenco con arroz en blanco sobre el que se ponen las tiras de pollo bañadas con la salsa teriyaki (así fue como lo comí yo por primera vez). Yo en este caso he optado por hacerlo de la misma manera que me lo presentaron en un restaurante japonés donde comí en Nueva York, el Kodama Sushi: con arroz también, pero con zanahoria y brécol al vapor, muy sano y que compagina con el dulce del pollo y la salsa a la perfección.

Y sirva este post también para animar a todos aquellos temerosos de la cocina y los restaurantes japoneses. Os garantizo que tenéis en sus cartas mucho más que sushi y pescado crudo. Y casi me atrevería a predecir que acabaréis perdiendo el miedo a la degustación del sashimi. Y si no, aquí me tenéis a mí, una loca por esos pedacitos de salmón crudo tan sabrosos…

¿Te atreves a cocinar japonés?

        

Bon appetit!!

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