• 1 berenjena de tamaño medio
  • 2 tomates maduros
  • 1 rama de apio
  • 1 cebolleta morada
  • 1 rama de albahaca fresca
  • Sal
  • 1 c.c. de edulcorante
  • Pimienta 5 bayas
  • Aceite de oliva
  • 1/2 vaso de agua
La vida de toda #dietawoman está llena de altibajos. Puede que lleves meses y meses cumpliendo a rajatabla todo lo que dice tu nutricionista, que cada vez que pase ante ti una bandeja de pasteles saques la ristra de ajos para evitar su ataque (bueno, más bien, para evitar que seas tú la que los ataque sin compasión). Te creerás la más fuerte del mundo, porque has conseguido ser inmune a todas las tentaciones y ya llevas esa rutina de alimentación correcta que tu nutricionista te ha dicho que a partir de ahora deberá ser tan compañera de tu vida como lo es tu marido. Porque aquí tampoco hay divorcio sin graves consecuencias…

Y es que, a diferencia de lo que podáis pensar, lo más duro de una dieta no es conseguir llegar al peso deseado. Lo más duro es mantenerse. Que sí, que cuando nos vemos estupendos, sin las lorcillas que tanto tiempo nos habían acompañado, nos creemos invencibles, y acabamos protagonizando escenas tan curiosas como la de estar diciendo a un amigo, “no, si yo sigo comiendo como me marca la nutricionista” mientras le damos un sorbo a nuestra segunda copa de vino para bajar la tosta tamaño XL o el pincho de tortilla que nos acabamos de comer… Cometemos nuestra primera infidelidad a esa compañera infatigable que es la alimentación sana…

Pero queridos, no os castiguéis pensando que sois incapaces, que la gula puede más que las ganas de mantenerse estupendo y sano. Todos los que somos de buen comer pasamos por esas etapas en las que algún que otro kilo vuelve a posicionarse en sitios no deseados. Lo importante es saber frenar a tiempo y volver a nuestra rutina de comida abandonando todas las tentaciones.
Para conseguirlo, el truco es bien sencillo. Tenemos que buscar recetas que, siendo sanas y ligeras, pasen totalmente por recetas que comeríamos en cualquier otra circunstancia. Que estar a dieta no se reduce a vivir a base de pescadito cocido o verduras a la plancha.

Y como sugerencia, hoy os dejo una guarnición con sabor a Italia, que puede ser el perfecto acompañante de cualquier carne o pescado azul. E incluso, a aquellos que seguís las normas dunkanianas, podréis utilizarlo como salsa de cacompañamiento de los famosos fideos shirataki.

Guarnición siciliana 2

PREPARACIÓN:

1. Lavamos todas las verduras. Troceamos la cebolleta, el apio y la berenjena en cuadros.

2. Escaldar en agua hirviendo durante 2 minutos los tomates, para que resulte más fácil pelarlos. Trocearlos finamente.

3. Pintar una sartén con aceite de oliva, y añadir la cebolleta y el apio, dejando que se poche a fuego medio durante 2-3 minutos.

4. Añadir la berenjena, removiendo para que se mezcle con el resto de los ingredientes y la dejar pochar otro par de minutos.

5. Agregar el tomate troceado, y remover, dejando que poche nuevamente otros 2 minutos. Salpimentar al gusto y agregar la cucharadita de edulcorante, que ayudará a eliminar el amargor del tomate. Seguidamente, verter el ½ vaso de agua. Cuando rompa a hervir, bajar a fuego lento, dejando que las verduras se hagan durante unos 15 minutos, o hasta que se reduzca todo el líquido presente en la sartén y espese la guarnición.

6. Picar finamente la albahaca fresca y la espolvorearla sobre la sartén un par de minutos antes de retirarla del fuego.

 

A la hora de emplatarlo, os recomiendo decorar con los ramilletes más pequeños de la rama de albahaca, para dejar nuestro plato con un look de lo más favorecido.

Sirva este plato para hacer mi propio propósito de enmieda con esta vida de #dietawoman que llevo, y que últimamente la tengo algo abandonada. Porque sí queridos, esta que os escribe también cae demasiado a menudo en las tentaciones del estómago…

Guarnición siciliana 1

Bon appetit!!