Fin de la primera parte…

Una vez alguien me dijo: “cuando tengas dudas sobre si continuar con algo o alguien, pon distancia. Si en un tiempo prudencial no sientes nostalgia, quizá sea momento de emprender el vuelo“. Llevo algo más de un mes sin pasarme por aquí y casi el mismo tiempo sin publicar de forma asidua en las redes sociales de Travi, al menos hablando sobre gastronomía. Una ausencia que no ha sido forzada, sino que fue surgiendo de manera natural.

Un día sales a cenar y ya no le encuentras sentido a compartir la foto de lo que te has comido en Instagram. Otro día descubres un local nuevo en la ciudad, pero te lo guardas, o al menos prefieres compartirlo boca a boca, cara a cara con la persona que te pregunta por él. Llegan correos de propuestas, sugerencias y blogtrips a los que antes contestabas con ilusión y ganas de participar y ahora te ves agradeciendo la invitación, pero rechazándola. Y además gustosamente.

No podría deciros con seguridad cuando empezó todo este probable final. Cierto es que tener que despedirme de mi querídisima Mer de una forma tan inesperada me sumió en un estado de shock, pero la reflexión sobre lo que estaba pasando en este mundillo virtual en general, y en el mundillo gastronómico en particular, era algo que ya llevaba rondando mi cabeza tiempo atrás. ¡La de charlas sobre el asunto que Mer y yo tuvimos en alguna de nuestras escapadas!…

Echo de menos la parte inocente que tenía todo en los inicios, cuando publicábamos nuestras recetas nada más prepararlas, cuando las fotos eran reales, y no bodegones perfectamente encuadrados e iluminados. Echo de menos disfrutar conociendo poco a poco a la persona que está detrás de una bitácora leyendo cada uno de los post que publica. Ahora todo se reduce a un número determinado de palabras, colocadas de la manera más adecuada para poder estar de primeros en las listas de los buscadores. Veo mi Feedly y de los cientos de fuentes que sigo, apenas dos o tres generan en mí las ganas de publicar un comentario que vaya más allá del “mmm, qué rico“, ese que tanto odiamos los que escribimos (o escribíamos) sobre cocina y gastronomía. Y ves como ciertos comentarios que aparecen en tus redes sociales son realizados por personas o empresas que no buscan aportar, sino más bien seguir una estrategia de captación de seguidores al más puro estilo marketiniano…

Lo reconozco. Yo también caí en esa vorágine sin sentido tiempo atrás. Deseé poder hacer de mi hobbie una profesión. Vivir de ello y disfrutar. Pero mi punto de mira estaba algo desviado como para acertar en la diana. Y en cuanto visité el interior de este mundillo descubrí que  no era lo ideálico y perfecto que parecía. Que detrás de muchos selfies, ascensorismos, amistades perfectas y vidas y felicidades hasta el extremo, todo era de cartón piedra, como aquellos escenarios de las películas del Oeste de los 50.

De repente, un día empecé a sentir indiferencia por aquello que llevaba ya casi seis años haciendo con pasión y ganas. Dejé de querer cocinar, me aburría a horrores todo el “star-system” que se había montado alrededor de la gastronomía, y me parecía ridículo seguir fervientemente las andanzas de todos los chefs que permanecían más tiempo en televisión y portadas de revistas que en sus propias cocinas. Y no estaba triste, ni deprimida. Ni tan siquiera me preocupaba por ello. Al contrario, a medida que me iba alejando de todo eso, empezaba a disfrutar de otras nuevas aventuras y actividades: escuchar música y compartir tus descubrimientos con otros, pasear por la ciudad charlando con tu acompañante sin importar el tiempo que pase, debatir  en Twitter sobre política, actualidad, sociedad, televisión… y descubrir que el gusanillo que antes te entraba por hacer propuesta gastronómica, ahora lo tienes por otras muchas cosas que te rodean.

Esta semana he visto un vídeo de una Manuela Carmena jovencísima, allá por el año 81, donde hablaba de por qué en aquel entonces había tomado la decisión de abandonar una exitosa carrera como abogada laboralista para ponerse a estudiar una oposición para juez. Sus palabras fueron reveladoras: “Estamos muy poco acostumbrados a pensar que en la vida puede haber cambios. Parece como si en la vida tuviera que durar todo mucho. Pensamos en una profesión para toda la vida, en un matrimonio para toda la vida, en una casa para toda la vida… Y yo creo que esto no debe ser así… a la vida hay que dejarla que ella vaya marchando y que según lo que cada uno vaya sintiendo en cada momento, la vayamos planeando. Pero poco a poco…”. Ahí estaba mi respuesta: no hay que tener miedo a los cambios, todos deberíamos hacer las cosas en las que creemos en cada momento y, por tanto, abandonarlas cuando dejas de sentirte identificada con ellas…

No sé si esta escapada será eterna o temporal, ¿por qué voy a tener que decidirlo de manera tajante? Pero de momento he de dejar a Travi marchar. Tan simple como porque esto ha dejado de ser un placer para convertirse en una obligación, algo que parecía que sí o sí tenía que hacer cada semana. Y no me gusta hacer las cosas a desgana. No quiero que esto se parezca a esas series de la tele que prolongan sin sentido por un puñado de audiencia, y pasan de ser auténticas obras de arte audiovisuales a folletines cutre-salchicheros con un final abrupto. Ya os lo dije hace un tiempo: en mi vida, ya sea real o virtual, quiero que en todo momento reine la autenticidad. 

No dejaré de escribir. Porque esa es mi auténtica esencia, lo que llevo haciendo desde que tengo uso de razón. Pero lo haré en otros lugares, en el momento que a mí me apetezca y hablando de aquello que quiera y sienta en cada momento. Sin importarme si sólo me leo yo o lo hacen miles de personas, sin importarme que guste u horrorice lo que tenga que decir. Ahí es donde sé que debo enfocar mi punto de mira, la segunda parte de una historia que ya ha arrancado…

Bon appetit!!

[ad#para-los-post]

Si este post te ha gustado, quizá te interese...

7 thoughts on “Fin de la primera parte…

  1. Ay!! Martiña!! Yo también tengo el corazón partío entre la vida real y la virtual con un blog abandonado desde Agosto. Hoy llevo intentando ponerme a escribir un post para felicitar el año y explicar mi ausencia…. Y me dormí. Debía estar cansada, pero cansada de que no me salga del alma escribir…. Te entiendo perfectamente, como podrás imaginarte. Pero yo si echo de menos a mi musa, que siendo mía, será más bien musa-raña.
    A ver si, con suerte, me pasa como a las de Serrat… Que “andarán de vacaciones…”

  2. Marta, sé que cada cosa en la vida tiene su momento, y es en esos momentos donde hay que disfrutarla a tope. Creo que tu lo has hecho y en el proceso has conseguido que lo hiciéramos los demás, qué más se puede pedir.
    Sólo puedo decirte que agradezco haberte encontrado por el camino, y espero que disfrutes de tu “segunda parte”. Muchos besos.

  3. Ante todo y sobre todo, haz lo que te haga feliz.
    Ojalá algún día vuelvas, estoy segura de ello.
    Disfruta de tu autenticidad como lo estás haciendo.
    Besos enorme.

  4. Cuánta razón tienes y cuánta tontería hay alrededor de todo esto. Bicos y deja a Travi reposar hasta que tenga ganas de volver. Algún día, dentro de no tanto tiempo, miraremos hacia atrás y nos daremos cuenta de lo absurdo de todo el ruido que se está generando y de que, además de algunas cosas buenas para el sector gastronómico, todo esto también ha ido trayendo unas cuantas muy malas.

    Feliz año!

  5. Marta, alguna vez creo que hemos hablado de algo de lo que hoy escribes.
    Como dice, Jorge en el comentario anterior, algún día veremos las cosas con distancia y nos daremos cuenta de lo absurdo de muchas cosas y actitudes.
    Hace meses, aunque no lo escribí hice lo mismo que tú. No me apetece escribir y a veces ni siquiera compartir. Cada vez publico menos de mis viajes y trabajos en primer lugar por preservar la vida privada y en segundo lugar porque ya no lo veo como algo “normal” como me sucedía antes.
    Mañana pondré un escueto post de despedida del año y a saber cuando vuelvo a actualizarlo.
    Força Marta, pero si de algo sirve esto del socialmedia es para conocer a personas que merecen la pena como es tu caso.
    Besos Marta!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *