La semana pasada escuché en la radio que se celebraba el día de la felicidad. En un conocido programa de tarde los oyentes llamaban para contarle al presentador y el resto de la audiencia qué circunstancias cotidianas les hacían sentirse felices. Y como suele ser habitual en este tipo de conversaciones, los detalles más pequeños e insignificantes eran los elegidos por la mayoría de los interlocutores: una tarde con sus hijos, un reencuentro con ese amigo de la infancia al que hacía años que no veías…

Yo en ese momento estaba como una niña con zapatos nuevos porque esa misma mañana había recibido la confirmación de mi reserva para el plato estrella de mi “ruta por la gastropasión” de mis vacaciones de Semana Santa. Por fin iba a sentarme a la mesa de Casa Solla, y eso eran palabras mayores. Para mí, ese instante de felicidad que llevaba tanto tiempo queriendo experimentar.

Hoy, días después de haber vivido ese momento estrella, me ratifico en esa felicidad. Pero más allá del menú, la técnica depurada en los platos, las texturas y sabores que pude disfrutar, la felicidad llegó en Casa Solla por algo que pocas veces llegas a sentir en un restaurante, sea de la categoría que sea: esa sensación de estar como en casa, de principio a fin de la experiencia… Y si a alguien podemos acusar como culpable de provocar ese momento tan completo, es a su maestro de ceremonias: Pepe Solla.

Retrato de Pepe Solla

Foto cortesía de la revista Traveler.

LO MEJOR: Sobra decir que la cocina de Pepe Solla es sublime de principio a fin. Creativa, sorprendente, aprovechando al máximo el gran producto que tenemos en la terriña. Pero lo que para mí está por encima de todo eso, lo que hace de la experiencia en Casa Solla algo inolvidable, es ese trato exquisito y cercano que pocas veces encuentras en restaurantes de esta categoría, lo que convierte una comida excelente en una experiencia global inolvidable y placentera.

LO PEOR… Es tener que marcharse con tan buen sabor de boca. Deseas repetir al mismo instante de haber terminado.

PRECIO PERSONA (aprox.): 90-120 €

IDEAL PARA… Gastrónomos apasionados y amantes de la cocina de autor elaborada con producto de alta calidad.

Había oído contar a Pepe Solla en el Forum Santiago del 2012 la bonita historia de “su casa”, ese restaurante de Poio que hace más de 50 años abrieron sus padres, sin más instrumentos que la ilusión. Recuerdo que de esa charla lo que más me impresionó de Pepe fue que desprendía pasión a raudales: Pasión por contar esa historia de más de 50 años de Casa Solla. Pasión por esa cocina que él aprendió de sus padres, como el mejor legado que le podían dejar. Pasión por transmitir ese amor por el producto gallego y por reinterpretarlo de las formas más sorprendentes, a las siguientes generaciones de cocineros, convirtiendo así “su casa” en la cuna de muchos estrellas de nuestra cocina. Esa pasión que Pepe transmite en todo lo que dice y hace, es lo que me animaba a querer visitar una cocina por muchos calificada como la mejor de Galicia.

Exterior de Casa Solla

Creo que el factor clave que hace a Pepe Solla sobresalir sobre todos los demás, no está tanto en su cocina (que de sobra sabemos que es sublime, sencilla pero original a raudales) cómo en su propia personalidad. Porque en Casa Solla, Pepe no te trata como un comensal puro y duro, en Casa Solla eres su invitado. Porque Solla está presente en todos y cada uno de los momentos clave de tu visita: organiza la cocina, te sugiere los cambios más adecuados para ti en el menú, te sirve el vino, elige la música que más le gusta a él pensando en que te guste a ti, e incluso le queda tiempo para retwittear contigo algún que otro chascarrillo relacionado con la comida. Pepe te hace sentir desde que entras por la puerta hasta que sales como en su casa.

De una patada elimina todo el encorsetamiento que puede tener el comensal en un restaurante de esta categoría y lo hace sentir cómodo, relajado. Y sin darte cuenta no te resulta extraño estar comiendo con los dedos la mayoría de los platos de tu menú, como los Bloody mary, el Corneto de pescado, el Bocata de pepito de vaca y queso, o la Cacheira viajera.

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La cocina de Solla es toda una alabanza al producto gallego. Sus platos son preparaciones sencillas, pero con una vuelta de tuerca más hacia lo original. Ese Huevo que no es…, o su Falsa croqueta cremosa de cocido, son ejemplos de que los platos más tradicionales pueden estrenar nueva vestimenta y sorprender al comensal  muy gratamente.

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Y como animal acuático que es, amante de surcar las olas y del olor a mar, el pescado está presente en muchos de sus platos más especiales. Donde el producto gallego se mezcla con otras cocinas, como la Navaja en ceviche de pomelo; o simplemente destacando al máximo el sabor de nuestras aguas como en la Merluza sobre un sopako de su sopa.

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Cuando llegan los postres, empiezas a sentir cierta nostalgia por ver cerca el final de tan especial velada. Y aunque los colores y sabores de la Piña colada, el Paisaje de primavera o Los chocolates, hagan más dulce la despedida; te quedas pensando en que la próxima visita no se puede dilatar demasiado en el tiempo. Y esas ganas de más y más a menudo en un lugar al que por lo general sólo volverías en ocasiones muy especiales, sólo se consiguen si acompañas a una cocina excelente con un trato igualmente excepcional. Y eso es lo que hace a Pepe diferente del resto: Solla no es sólo el mejor cocinero. Solla es además el mejor de los anfitriones.

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CASA SOLLA 

Avda. Sineiro, 7

36005 San Salvador de Poio (Pontevedra)

Teléfono: 986 872 884

Mail: correo@restaurantesolla.com

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Bon appetit!!